domingo, 2 de noviembre de 2014

La fiesta de la Insignificancia (II) El ombligo de Milán Kundera

Pasaron 14 años de su exitosa obra "La insoportable levedad del Ser", hasta que hoy nos regala "La fiesta de la Insignificancia", publicada en octubre 2014. Les presento un segundo artículo sobre este maravilloso libro, un trocito sobre el influjo del ombligo en nuestra cultura.
Alain medita sobre el ombligo Era el mes de junio, el sol de la mañana emergía entre las nubes y Alain paseaba lentamente por una calle parisiense. Observaba a las jóvenes quienes, todas, mostraban su ombligo desnudo entre el pantalón de cintura baja y la camiseta muy corta. Estaba cautivado, cautivado e incluso turbado: como si el poder de seducción de las jóvenes ya no se concentrara en sus muslos, ni en sus nalgas, ni en sus senos, sino en ese hoyito redondo situado a mitad del cuerpo. Eso lo incitó a reflexionar: si un hombre (o una época) ve el centro de la seducción femenina en los muslos, ¿cómo describir y definir la particularidad de esta orientación erótica? Improvisó una respuesta: la longitud de los muslos es la imagen metafórica del camino, largo y fascinante (es por ello que los muslos deben ser largos), que lleva hacia la consumación erótica; en efecto, se dice Alain, incluso a mitad del coito, la longitud de los muslos confiere a la mujer la magia romántica de lo inaccesible. 


Si un hombre (o una época) ve el centro de la seducción femenina en las nalgas, ¿cómo describir y definir la particularidad de esta orientación erótica? Improvisó una respuesta: brutalidad, alegría; el camino más corto hacia el objetivo; objetivo aún más excitante pues es doble. Si un hombre (o una época) ve el centro de la seducción femenina en los senos, ¿cómo describir y definir la particularidad de esta orientación erótica? Improvisó una respuesta: santificación de la mujer; la Virgen María amamantando a Jesús; el sexo masculino arrodillado frente a la noble misión del sexo femenino. ¿Pero cómo definir el erotismo de un hombre (o una época) que ve la seducción femenina concentrada en medio del cuerpo, en el ombligo?
—¿Qué ombligo?—¿No te había hablado ya de eso?
Desde hace algún tiempo, pienso mucho en el ombligo...Como si lo hubiera montado un director de teatro invisible, pasaron por delante de ellos dos jovencitas exhibiendo el ombligo con elegancia.Ramón se limitó a decir:—En efecto.Y Alain siguió en lo suyo:—Hoy en día se ha puesto de moda pasear así con el ombligo al aire. Dura como mínimo hace diez años.—Pasará como todas las modas.—¡Pero no olvides que la moda del ombligo inauguró el nuevo milenio! 
Como si, en esa fecha simbólica, alguien hubiera levantado una cortina que, durante siglos, nos hubiera impedido ver lo esencial: ¡que la individualidad es una ilusión!—Sí, sin duda, pero ¿qué relación ves con el ombligo?
—En el cuerpo erótico de la mujer, algunos lugares son excelsos: siempre creí que eran tres: los muslos, las nalgas, los pechos.
Ramón reflexionó y dijo:—Por qué no...—Y luego un día comprendí que hay que añadirles un cuarto lugar: el ombligo.
Tras un instante de reflexión, Ramón reconoció:—Sí, tal vez.
Y Alain continuó:—Los muslos, los pechos, las nalgas adquieren en cada mujer una forma distinta. Estos tres lugares excelsos no son pues tan sólo excitantes, expresan al mismo tiempo la individualidad de una mujer. No puedes equivocarte acerca de las nalgas de la mujer a la que amas. Reconocerías entre cien las nalgas amadas. Pero no puedes identificar a la mujer a la que amas por su ombligo. Todos los ombligos son iguales.Al menos unos veinte niños pasaron riendo y gritando al lado de los dos amigos.
Alain prosiguió:—Cada uno de esos cuatro lugares excelsos representa un mensaje erótico. Y me pregunto acerca del mensaje erótico que nos transmite el ombligo. 
—Y tras una pausa—: Algo salta a la vista: contrariamente a los muslos, a las nalgas y a los pechos, el ombligo no dice nada de la mujer que lo tiene, habla de algo que no es esa mujer.
—¿Qué dice, entonces?—Habla del feto.—Del feto, por supuesto —aprobó Ramón. 
Y Alain continuó:
—Antaño, el amor era la celebración de lo individual, de lo inimitable, la gloria de lo único, de lo que no admite repetición. Pero el ombligo no sólo no se rebela contra la repetición, ¡es una llamada a las repeticiones! De modo que en nuestro milenio viviremos bajo el signo del ombligo. 
Bajo este signo, seremos todos soldados del sexo, con la mirada fija no sobre la mujer amada, sino sobre el mismo agujerito en medio del vientre que representa el único sentido, la única meta, el único porvenir de todo deseo erótico.De pronto, un encuentro inesperado interrumpió la conversación. D’Ardelo se acercaba a ellos por la misma alameda.


Kundera en su libro grafica en forma irónica y humorística el signo de nuestro tiempo: "en nuestro milenio viviremos bajo el signo del ombligo".

¿Qué representa para nuestra vida cotidiana el vivir bajo este signo?
¿No es el ombliguismo, esa actitud centrada en el yo, en forma egoísta e insistentemente auto referente?
El ombligo que nos muestra Kundera, no es el simple agujerito que graciosamente muestras las chiquillas, sino que es un hoyo negro, un eje de poder que anula a los otros, enfatizando los derechos que cada uno tiene, debilitando los deberes que tenemos por el bien común... hacemos primar la rebeldía personal, por sobre los sueños comunitarios... ombligos ...

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Profesor de formación, educador de corazón. Magíster en Educación Pontificia Universidad Católica de Chile. Autor de libros y de diversos artículos sobre educación, desarrollo humano, gestión de calidad, evangelización del currículum.
Actualmente es Director Ejecutivo de una red de colegios, Presidente Amares, Vice Pdte. Fundación Iglesia Educa. Esposo de Verónica, Papá de Natalia, Amante de la Vida y de los Sueños.

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