viernes, 7 de noviembre de 2008

Nueva reflexión sobre la codicia


QUERIDO WINSTON

Te agradezco el envío de la presentación sobre la codicia en la convivencia humana.

 Me parece igual que a ti, que hay que ponerle reflexión a esto de la codicia

 Muchos, como el lamentable artículo que citas, simplifican la conducta humana y animal como si fuera una búsqueda insaciable de tener más.

 En primer lugar no es cierto que la conducta humana o incluso animal, se trate sólo de tener y obtener más, eso es desconocer mucho de lo investigado sobre nuestra naturaleza.

Los humanos nos distinguimos, en particular de los chimpancés, en tener una conducta más sociable y altruista, propicia a compartir incluso sin recibir nada a cambio.

Esta ha sido una ventaja competitiva decisiva de la especie y de las sociedades exitosas.  De otra manera no habríamos sobrevivido todo lo que la especie fue capaz de soportar.  Lo mismo es cierto de las sociedades sanas.   

Ojalá la Iglesia difunda estos datos en sus colegios, como el programa emitido recientemente por el National Geographic Channel sobre la característica altruista de los humanos comparados con chimpancés.

 Lo segundo, es necesario distinguir mandamientos de Dios y virtud, y no confundirlas con el vicio y el pecado capital:

Lo que se ignora en la entrevista,  es la diferencia entre una conducta buena y deseable, como el obtener ganancias de su trabajo y mejorar la vida propia, de su familia y de muchos, (donde se expresan virtudes de la laboriosidad, de la persistencia, del esfuerzo), con el vicio de la ganancia a costa de la verdad y la honradez que es la codicia.

Cuando el hombre por su trabajo, llena la tierra y la domina, la hace fecunda y la pone a su servicio, no hace más que cumplir con el mandato de su creador (Gen 1, 28 - 31) y en ningún caso comete pecado.

Cuando el hombre desea ardientemente crear riqueza, generar una vida mejor para sí y los suyos, dejar huella, crear y dirigir emprendimientos, está manifestando otra vez la semejanza a Dios que el Creador puso en él (Gen. 1, 26).

Me temo que tenemos que disculpar al autor de esas afirmaciones porque debe haber tenido una lamentable educación moral que lo lleva a confundir vicio con virtud.  De pasada da la peor imagen de los empresarios.  

Creo que los cristianos nos hemos hecho responsables por mucho tiempo de destacar más los pecados que lo positivo de la conducta humana, en particular respecto al amor, el trabajo y la economía.

 Sugiero que enfrentemos con fuerza esta nueva barbaridad, aprovechando de mejorar nuestras propuestas de virtudes, siguiendo a Jesús que decía que las virtudes son motivos y caminos a la alegría y también a Aristóteles que decía que son caminos a la felicidad

Algo ha pasado en la educación y la predicación católicas que las personas creen que la virtud cristiana es siempre restringirse y negarse, en lugar de desarrollarse, crecer y multiplicarse.

 Propongo que revisemos la manera como educamos en las instituciones educativas católicas, en la predicación y en la liturgia, para evitar que personas de origen y educación cristiana lleguen a pensar que para desarrollar las personas, la sociedad y las empresas, sea necesario caer en la Codicia, o sea, pecar gravemente contra todo lo que Dios quiere.

 Ha pasado en algunas sociedades de gran influencia católica que han tenido una vena de emprendimiento menor que sus vecinos protestantes.  No es el caso de Italia pero si lo fue de Quebec, sociedad de raíz católica, latina y monárquica, luego bajo gran influencia anglo sajona y protestante, con un desarrollo político democrático muy estable (¿alguna semejanza con Chile?).  Hasta la Revolución Tranquila de los años sesenta, pocos católicos de Quebec eran empresarios.  Pero en los años sesenta se sacudieron esa limitación y empezó una ola de emprendimiento e innovación que llegan hasta nosotros, en iniciativas como el Cirque du Soleil y muchas otras.  Lo lamentable es que la Revolución Tranquila incrementó el emprendimiento pero llevó a una caída en la participación en la Iglesia.

 

Veamos cómo podemos motivar el entusiasmo y las virtudes de la generosidad y la perseverancia, propias e indispensables para el emprendimiento.  El emprendimiento también requiere otras conductas altruistas, como el cultivo de redes, el compartir y tomar riesgos, apoyar a otros que emprenden iniciativas riesgosas, etc.  

 

Emprender, crear riqueza, innovar, crear empleo, ampliar las posibilidades de las personas y la sociedad son básicamente virtudes, esto es, cumplir la voluntad de Dios para nosotros.

 Sabemos por experiencia y por el Dogma del Pecado Original que toda la conducta humana puede ser dañada por el pecado.   De esta manera la creación de riqueza, lo mismo que la creación de la familia por el amor, pueden transformarse en conductas destructivas.  Esto cada uno de nosotros lo experimenta en su propia vida.  Se puede a veces transformar la generosidad en codicia y entonces se siembre la desconfianza, se hace más difícil la innovación, se malgasta el capital social.  O se transforma el amor en egoísmo o lujuria.  Todo esto puede pasar y se puede reparar. 

 Pero el amor y la creación siempre serán en primer lugar, participación a la Creación y el Amor Divinos.

 Gracias de nuevo

un abrazo

 FRANCISCO JAVIER TRONCOSO

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Profesor de formación, educador de corazón. Magíster en Educación Pontificia Universidad Católica de Chile. Autor de libros y de diversos artículos sobre educación, desarrollo humano, gestión de calidad, evangelización del currículum.
Actualmente es Director Ejecutivo de una red de colegios, Presidente Amares, Vice Pdte. Fundación Iglesia Educa. Esposo de Verónica, Papá de Natalia, Amante de la Vida y de los Sueños.

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